Sandra Kantanen

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Un pequeño soplo de frágil primavera llega a mi pantalla siempre que reviso el trabajo de Sandra Kantanen. Sus fotografías están claramente inspiradas en la pintura paisajística china y japonesa. Con ellas y a través de nuevas técnicas de captación e impresión, pretende explorar y ampliar los límites del medio fotográfico.

Sandra Kantanen (1974) es finlandesa. Se graduó en la Universidad de Arte y Diseño de Helsinki, la famosa Helsinki School, afamada por una estética reconocible a pesar de la diversidad de los miembros que la componen y por favorecer una enseñanza con un enfoque muy creativo sin que casi existan límites en la expresión personal de cada estudiante. Además de estudiar en Finlandia ha seguido formándose en otros centros y países, como por ejemplo en La Academia de Bellas Artes de Beijing en China.

Las fotografías de Kantanen tienen un aspecto difuso, borroso y desaliñado, el cual obtiene deliberadamente a través de los tiempos de exposición, la composición y el uso de la profundidad en diferentes planos por un lado, y la impresión sobre chapas metálicas tratadas previamente con pigmento acrílico por otro. Este proceso que finaliza con un barnizado especial consigue un acabado sedoso y floue con el que se acerca más a la abstracción que a los paisajes figurativos. En la actualidad también está experimentando digitalmente con técnicas mixtas y apilado de capas.

 

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«Como artista me veo como una especie de filósofa. A diario, me hago a mí misma preguntas como ¿Cómo está construido el mundo y por qué?. Por ese motivo, la fotografía es para mí básicamente un constante intento de construir un lenguaje para responder a estas preguntas.»


 

 

Su interés por el arte y el paisaje oriental la llevó en primera instancia a aplicar las técnicas pictóricas a la fotografía, pero tanto el concepto de paisaje como los métodos empleados para construir los suyos propios han ido cambiando, evolucionando y personalizándose con el tiempo. La base de todo reside en cómo los orientales son capaces de ver y entender la naturaleza concediendo a ésta el estatus de sagrada en numerosas ocasiones. Por ello se lanzó a perseguir con su cámara espacios que en su tiempo se dibujaron o pintaron pero que en la actualidad se están desvaneciendo por la contaminación, por convertirse en focos turísticos masificados, etc. Se dio cuenta de que su fotografía versa sobre algo que ya no existe, que es el producto de la búsqueda de una imagen idealizada, por lo que pasó de ir a fotografiar un paisaje a crearlo directamente prestando especial atención al proceso de positivado u obtención de la copia.

En sus fotografías se puede apreciar otro ritmo de vida más lento y sosegado, típico de los valores tradicionales orientales. También encontramos aspectos y emociones menos positivas como el caos y la destrucción representados por la ausencia de color y la distorsión, que intentan profundizar en el hecho de que tanto hombre como naturaleza tienen sus fallos al igual que la visión idealizada que generalmente construimos de ambos. Recurre al dualismo y a la vieja idea platónica de que todo lo que se percibe es una sombra del mundo real. En sí mismos, los objetos o paisajes que fotografía son de importancia secundaria para ella.

 

 

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Su proyecto más reciente lleva por nombre «Butterflyes and Moths», y en él ha estado trabajando durante tres años simplemente porque se considera una “artista lenta”, capaz de tener un negativo definitivo y no imprimirlo, procesarlo o materializarlo en semanas, meses o incluso años. Su proceso es reflexivo y artesanal e incluye varias versiones de una misma obra que en ocasiones ni siquiera llega a un resultado satisfactorio.
Es como si de algún modo Kantanen se empapara de esos mismos valores tradicionales orientales que intenta capturar con su cámara.

En una estancia de trabajo en el norte de Japón observó que en el exterior de su estudio, cada atardecer, numerosas polillas y mariposas se agolpaban en las ventanas atraídas por la luz del interior. Por la mañana los animales estaban muertos. Ella los recogió, los escaneó y con ellos realizó estas bellas composiciones manejando la profundidad, que es un poco su huella personal en cuanto a la técnica fotográfica, mediante la cantidad de luz suministrada por el escáner en el momento de la captación de la imagen. Esta técnica se traduce en un aura surrealista y misteriosa mediante la cual la autora pretende hablar de tránsitos entre mundos diferentes.

 

Para mí, sus fotografías son pedacitos de paraísos perdidos, de utopías personales, de visiones que no son reales pero que tal vez algún día lo fueron. Lo que puede que más nos atraiga de Sandra Kantanen es la simplicidad con la que es capaz de capturar el paisaje incitándonos a la contemplación tranquila de un estanque, una montaña semioculta en la niebla o un pequeño capullo de cerezo a punto de abrirse al mundo para regalarle toda su belleza y fragilidad.

Si una de las primeras cosas que nos enseñan en una clase de fotografía es precisamente eso, que Fotografía significa “pintar con luz”, visualizando todas estas imágenes no me cabe duda de que ella lo hace: pinta con la luz, toma un elemento espiritual y le da cuerpo, lo vuelve físico y lo muestra para comunicar pensamientos, ideas y emociones con las que nos toca muy dentro.

Te dejamos, como siempre, con un pequeño vídeo de producción propia que recoge algunas de las fotografías que componen el portafolio de esta artista. Si te ha gustado esta entrada de blog y la consideras útil para otras personas, puedes compartirla en tus redes sociales a través de los enlaces que te dejamos justo abajo. ¡Gracias!

 

 

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