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De cómo en la botica de mi padre, nació una music-girl de la fotografía

No fui una niña típica, no me gustaba jugar con muñecas. Los juguetes que más deseaba y me hacían feliz eran todo tipo de coches teledirigidos, Scalextric, legos («Tente» se llamaban los españoles de la época) y como mucho, en cuanto a figuritas antropomorfas, los famosos clicks de Famobil (Playmobil). Recuerdo con especial horror aquella vez que Papá Noel me dejó un carrito de limpieza en miniatura (así como lo lees) y también aquella siniestra cabeza de muñeca, grande como una sandía, que venía acompañada de un set de maquillajes y purpurinas varias… vamos, un festival :)

Al crecer llegó un momento en el que solo quería música. A ver, libros también, una buena paga para ahorrar y comprarme unos vaqueros bonaventure o unas zapatillas converse, pero sobre todo música y todo lo relacionado con ella. Mi primer casette navideño (en realidad eran dos porque se trataba de un disco doble) fue una recopilación musical que llevaba por nombre “Monstruo”. Aquello fue en 1982 y yo tenía nueve años. Tarareaba sin cesar canciones tan dispares como Juliet de los Bee Gees o Lick It Up de Kiss (¡muy grandes!)

Mi padre era el encargado de los juguetes y los regalos en nuestra familia. Hábil sondeador, siempre sabía cómo preguntar y averiguar para saber exactamente qué era aquello que te haría chillar y saltar de alegría cada mañana del 25 de diciembre. Todos los años, sin excepción.

Cuando me llegó la vena musical, mi padre, que además de poseer magníficas dotes detectivescas, en su juventud fue boticario y guitarrista en la rondalla del pueblo, estalló en felicidad. Recuerdo perfectamente el día que le dije: –papá, quiero ser como Prince
¿como quién?– preguntó.
Como Prince– respondí – Él compone sus canciones y toca todos los instrumentos. Luego todo eso se monta, no hace falta tocar en un grupo, tú solo puedes hacerlo todo.-

Me acuerdo como si fuera ayer. Supongo que al oír tal disparate le tuvo que entrar la risa floja y no, no me compró un estudio de grabación con todos los instrumentos del mundo dentro tal y como yo pretendía. En su lugar me apuntó a todas las clases extraescolares que tuvieran que ver, aunque fuera de soslayo, con el noble arte de la música. Guitarra, bandurria, laúd, piano, ¡flauta dulce!. TODO. Pero claro, yo en aquella época estaba flipada con Bruce Springsteen, Madonna, The Police, los Wham! y aquel grupo noruego que vino más tarde… sí, A-ha. ¿Cómo podía pensar que me iba a gustar aquello de aprender los acordes de Clavelitos y repetirlos una y otra vez sin cesar sentada en aquella aula plagada de niñas tontas con falda azul marino plisada?. Yo quería un buen profesor, guapo como Sting, que me enseñara los acordes del rock. No era boba yo ni ná, que pensaba que esos acordes eran diferentes a los de la tuna del colegio, pero estaréis de acuerdo conmigo en que aunque el cocido lleve siempre los mismos ingredientes, como el de la madre de una no hay otro. Que sí, que los acordes son los mismos, pero la música es diferente. Y ahí me quedé atrapada erre que erre.

Intenté aprender y aprendí, solfeo, guitarra… pero nunca fui buena, nunca tuve la chispa. Lo que sí desarrollé fue un amor incondicional hacia la música que me acompaña desde antes que todo lo demás hasta este mismo momento en el que escribo mientras escucho a Emiliana Torrini en mi Spotify. Desde Satie a Slayer, absolutamente todo me gusta. Odié con toda mi alma el dichoso “Bacalao” lo mismo o más que ahora me incomodan a nivel neuronal profundo el “Reggeton” y el “Electrolatino”. Pero todo lo demás, incluso Carlos Goñi versionando a Maná, me gusta.

Cuando comenzamos a enseñar fotografía en Encandilarte, nos tuvimos que enfrentar a algo que parece una simpleza pero que en realidad encierra una gran complejidad. Está claro que es muy importante que los contenidos que impartes deben tener obligatoriamente un elevado nivel de calidad, pero tan importante como eso es el hecho de hacerlos llegar a los demás de una forma atractiva. Para nosotros, que veníamos de los recursos humanos y la administración de empresas, todo lo que estuviera más allá de un word, pdf o powerpoint pelao nos resultaba tan ajeno y sofisticado como la posibilidad de sentarte en el estreno de una película al lado de Charlize Theron.

Hemos ido evolucionando mucho al respecto con el tiempo. No solo hemos seguido aprendiendo fotografía, también hemos adquirido conocimientos (con cierta torpeza no voy a decir yo que no) en diseño y medios audiovisuales. Todo por hacer llegar conocimientos a nuestros alumnos de una forma cada vez más amena, bonita y motivadora.

Esta evolución, que continúa en marcha día a día, vino a confirmar nuestra particular historia de amor con la música. Aunando la fotografía a ese algo primitivo que se nos mete en las capas profundas del cerebro y que nos hace reír, soñar, recordar, llorar o bailar con la escoba, te das cuenta de que estás ante un tándem poderoso para narrar historias.

Una de esas maneras de llegaros al corazón la descubrimos cuando hicimos nuestro primer video MUST. Lo que nosotros llamamos en casa “un must” es un audiovisual en el que combinamos imagen y música para mostrar y divulgar la obra de un fotógrafo o fotógrafa. Lo llamamos así porque, tal cual reza la traducción literal de este vocablo inglés, lo consideramos un imprescindible. Os gustan tanto tanto los Must que en los nuevos cursos ya hemos empezado a incluir dos por semana (¡nos sacáis lo que queréis!).

Tras los MUSTs llegaron los vídeos de inspiración que nos ayudaban a mostrar en imágenes el procedimiento y resultado final de las asignaciones que os íbamos proponiendo cada semana en los cursos. Ahora, el audiovisual que más estamos trabajando para realizar labor de divulgación fotográfica, tiene que ver con un formato más raro que un perro verde y que se ve en el móvil: las historias de Instagram.

Este post llega hasta aquí para deciros que por fin hemos hecho otra de esas cosas que siempre nos habéis pedido: crear una lista de Spotify en la que estén incluidas todas las canciones que alguna vez hemos utilizado para acompañar nuestros audiovisuales. Actualmente la tengo en construcción. Me gustaría darle mejor orden y por supuesto ir completándola y añadiéndole cositas a medida que nuestra familia de Must, videos de inspiración e Instagram Stories vaya creciendo, pero siguiendo mi propósito de este año que es pasar intencionadamente y a tope de las cosas perfectas, la he compartido ya para que puedas escucharla cuando quieras.

Contiene desde obras clásicas de Vivaldi o Schubert hasta el rock más genuino de los Rolling o la instrumental experimental de Bryan Eno. Algunas de estas canciones surgieron como un flechazo viendo fotografías como por ejemplo en el caso de Avedon a quien le asignamos a Gotye, o Helmut Newton para quien casi sin pensar surgió un temazo de David Bowie.

En esta lista que se llama «Canciones para Encandilarte» encontrarás absolutamente de todo, como en la botica de mi padre, de la que aún siguen saliendo (y que siga así por mucho tiempo) cosas maravillosas.

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  • Marta24 Enero, 2017 - 11:26 am

    Ualaaaaaa!!!!! Menudo regalazo! Ya la estoy disfrutando :-) Un millón de gracias <3ResponderCancel

  • cristina24 Enero, 2017 - 1:53 pm

    aih Bea, que me encantas! Ya lo sabes no? ;) Como me gusta esa historia de tu padre, que grande me parece, que quisiera fomentarte eso que te apasionaba… Que bonito lo cuentas y lo haces todo, Un abrazo guapa, ya he empezado a disfutarla :)ResponderCancel

  • maria24 Enero, 2017 - 3:01 pm

    Lo vuestro ya es rizar el rizo de la perfección, jolines¡¡¡
    Me habéis alegrado la semana con esta lista de Spotify, sois un amor!
    Mil gracias chicos ;-)ResponderCancel

    • encandilarte
      encandilarte24 Enero, 2017 - 4:58 pm

      María, hemos dicho que este año perfección la justa ;D
      La lista era obligada, nos la habéis pedido tanto que ya daba vergüenza no ponerse al lío con ella. ¡Que la disfrutes mucho! :*ResponderCancel

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