Las mujeres en el arte: Mi statement personal.

Hace unas semanas, vi un monólogo del club de la comedia que me hizo sentir triste. Para ser totalmente sincera, me disgustó. Se trataba de un speech que hablaba de cómo la meta de las mujeres (heterosexuales para más señas) se centra únicamente en encontrar el amor verdadero y cómo para ello mentían a través de su apariencia externa. El monólogo estaba interpretado por un hombre, por supuesto. Heterosexual también (supongo). Un chiste tras de otro acerca de cómo fingimos ser otra persona para atraer a los hombres, cómo nos construimos falsas identidades haciéndoles sentir estafados y engañados cuando la magia del make-up desaparece. Al principio pensé que se trataba de un monólogo sarcástico y que al final habría algún tipo de reflexión o «gracia seria» para inducirnos a pensar que realmente, no tiene nada de divertido frivolizar así sobre las mujeres y su apariencia. Huelga decir que esa moralina final no llegó y que yo me fui a la cama «en plan Amelie» sin pillarle la gracia al asunto y consternada viendo como otras personas sí.

Desde que el mundo es mundo y existen las artes visuales, se ha venido construyendo el ideal de belleza femenino. También el masculino, pero párate a pensarlo por un segundo: ¿Ha cambiado con frecuencia ese ideal para los hombres? No mucho la verdad. Viene siendo el mismo desde los tiempos de la Grecia clásica, con ese David de Miguel Ángel que se encarnó hace un par de años o tres en el chico del anuncio de Invictus en una especie de segundo advenimiento del Mesías. Pero con nosotras no ha sido así. Artistas de todos los tiempos nos han dibujado, pintado, esculpido y ahora fotografiado construyendo una imagen de lo que debe ser una mujer bella. A veces han sido formas generosas las que nos han adornado, otras claramente masculinas y, por desgracia, en otros tiempos ha predominado la presencia de la enfermedad, pero siempre con el mismo común denominador: es el hombre quien ha controlado y construido el canon de belleza femenino.
Recientemente comienzan a realizarse estudios sobre la presión ejercida sobre el cuerpo masculino, que también existe, pero en su caso ellos han obtenido en un tiempo récord más atención que la que nosotras estamos reclamando por una agresión que sufrimos desde hace siglos.

Grande_Odalisque_blog
«La Gran Odalisca» de Ingres. Un ejemplo de cómo incluso sin los medios de manipulación de imagen que hoy en día están a nuestra disposición históricamente se ha venido modificando de manera sistemática e irreal el cuerpo femenino. A la Odalisca, Ingres le ha añadido unas cuantas vértebras de más para que su espalda luzca más larga y esbelta. En la realidad esta mujer no podría caminar con entera normalidad.

El año pasado cerré la actividad en el blog con un post en el que te hablaba de todos mis planes para 2016 y de aquellas cosas y temas que me gustaría abordar en este blog. Una de ellas tenía que ver con el mundo de las Mujeres Artistas. Hoy me acerco hasta el teclado más timorata que decidida porque por un lado siempre he pensado que no es bueno eso de mezclar las churras con las merinas, pero por otro me digo ¿Si no escribo sobre mi y las cosas que me importan, entonces para qué leches escribo?
Hoy es 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres y creo que si hoy no publico este post que lleva varias semanas en mi escritorio con la etiqueta de borrador colgada, nunca lo haré. Así que me lanzo y te cuento exactamente qué es lo que voy a hacer como experiencia piloto este año y sobre todo por qué. Te cuento cual es mi posicionamiento; mi statement personal:

Es desolador en muchas ocasiones reflexionar sobre el rol que la mujer ocupa en el mundo en general, no solamente en relación al Arte. Lo que ocurre al nivel del Arte es solamente una visión especular de parte de lo que ocurre en todos los planos de la vida cotidiana: La mujer es en más ocasiones objeto que sujeto de la vida pública. Sin ir más lejos, esta semana hemos escuchado/leído la noticia en la que una jueza española pregunta a una víctima de violación si está segura de haber cerrado bien las piernas, de haber protegido sus «órganos femeninos» ante una agresión sexual. Bochornoso.

El discurso tradicional crea y repite hasta la saciedad, a través de los medios de comunicación de masas, cuales han de ser los modelos aceptados y adecuados de mujer, tanto física como mental y conductualmente. El arte y los medios audiovisuales (entre ellos la fotografía con un papel destacado) tienen una función que es de vital importancia en este proceso para lo bueno y para lo malo. Este discurso tradicional y dominante cala en las redes sociales, familiares y gubernamentales desde las que se nos exige a las mujeres que constantemente cuidemos nuestro aspecto, nuestra apariencia, nuestra forma de vestirnos y comportarnos según unas normas básicas para prevenir la violencia contra nuestro género, cuando en realidad son estas propias consignas que supuestamente se enuncian para protegernos las que están ejerciendo otra forma más de violencia contra las mujeres.
Todas estas pautas repetidas cien millones de veces a través de los años, los siglos y la historia, han conseguido generar una especie Síndrome de Estocolmo de Género en el que las mujeres finalmente nos sentimos responsables de todo lo que nos ocurre ya que somos nosotras las que lo provocamos. Afortunadamente ni todas las mujeres estamos en esa línea de pensamiento ni todos los hombres mantienen el rol tradicional. Pero seamos francos, no somos tantas, no son tantos.

A todo esto hay que sumar el hecho de que sistemáticamente hemos sido silenciadas en la esfera pública a lo largo de la historia. Siempre ha habido mujeres profesionales, mujeres artistas. Siempre. Pero sus nombres no aparecen en los libros de historia. Afortunadamente parece que estamos viviendo una ola de despertar en cuanto a la sensibilidad femenina y su rol social en general y en las artes en particular. Pensadoras, artistas e instituciones han trabajado siempre para restituir la memoria de las mujeres en el arte pero es ahora cuando afortunadamente parecen comenzar a gozar de una cierta visibilidad.

Quisiera olvidarme un rato de que en mi profesión, la fotografía, somos mujeres ya la mayoría, pero que en un grupo de trabajo mixto el hombre siempre es el profesional. Quiero hacer como que no existen todas las ocasiones en que yo he sido la ayudante (o solamente «la mujer de») y mi compañero el fotógrafo, en que yo he sido una sonrisa y él la experiencia, en los que yo voy de relleno y él es la cara A del single. Quiero dejar de sentir por un momento que yo soy el experimento imperfecto de algo mejor, la segunda opción. Me gustaría olvidar que el mundo es así desde siempre, y soñar que en un futuro algo puede cambiar.

Como decía, en este momento es un hecho constatado que hay ya más mujeres que hombres en el desempeño laboral fotográfico, y que en la era de Internet también somos más las bloggers de género femenino. Me pareció cuanto menos irónico y divertido pensar que desde el lugar al que se nos ha venido confinando tradicionalmente (el hogar y el ámbito privado) las mujeres ahora podamos sembrar gracias a la tecnología el germen de una pequeña revolución escribiendo nuestras historias particulares y las de aquellas otras mujeres que fueron olvidadas en el camino.

Pero no quiero engañarme a mi misma o sobre-excitarme y ponerme «atómica», que me conozco. Sé que el territorio a explorar es muy vasto y puedo perderme (es mi especialidad), así que voy a tener que ser muy concreta por lo menos en esta fase piloto de mi proyecto. A lo largo de este año os hablaré de cuatro mujeres que han sido importantes para mi por algún motivo concreto. Estas cuatro mujeres son: Virginia Woolf, Frida Kahlo, Louise Bourgeois y mi adorada Gerda Taro.

MUJERES

Lo haré exactamente igual que cuando abordo los monográficos de fotógrafos, sin más ambición que la de compartir información contigo y hacer un poco de gimnasia mnemotécnica para que no se nos olvide que han estado y estamos aquí. Muchas se quedarán en el tintero pero no me preocupa porque afortunadamente mujeres mucho más sabias que yo ya están trabajando en la recuperación de la memoria de las mujeres artistas. Es el ejemplo de Patricia Mayayo, Doctora en Historia del Arte y escritora de títulos tan interesantes como el que ahora mismo os voy a recomendar si queréis profundizar más en el tema. Se trata de «Historias de Mujeres, Historias del Arte» de Ediciones Cátedra (ISBN: 978-84-376-2064-0).

Hasta el viaje más largo ha de comenzar con un primer paso. Hoy yo doy el mío con más miedo que vergüenza, pero decidida a compartir con quien quiera escuchar la historia de cuatro fantásticas mujeres sin las que la Historia del Arte hoy no sería la misma.

 

Feliz Día Internacional de las Mujeres

 

 

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